sábado, 3 de enero de 2015

brick de leche

thomas struth



Volcaste un torrente de leche en un bol, y sembraste cereales de hace dos meses por encima. Hoy no eran tropicales. Saliste a la calle con las legañas puestas, y una mala ostia que no merecía la pena para ser sábado. El hormigón asedió tus ojos. Estamos en la misma ciudad, ¿sabes? Es curioso porque estaré buscando tu mirada entre lo gris, entre lo aburrido. Y te invitaré a salir de aquí. 

viernes, 2 de enero de 2015

hueles a humedad

vivian maier



Sonaba una ronca voz femenina cantando una versión de house of the rising sun, siempre habías gritado esa canción a la almohada, cuando todo iba mal. Te encantaba el bajo. Y gritabas desgarrada, de la misma forma que amabas a ese chico con el pelo revuelto y una hoguera dentro de su pecho hundido. Te desgarras con su boca, te desgarras con tu ciudad, te desgarras el jersey viejo, te desgarras con la bicicleta que chirría. Te disfrazas cada día con tu mejor sonrisa, y la gente aplaude, y solo cuando baja el telón les mandas a la mierda. Cuenta hasta diez. Con los dedos que no sientes. Con los dedos de las dos manos. Seliquín. Pero con tiento. Estás al lado del mar. Los barcos están atracados perfectamente a tu derecha. Atracan un banco justo en el mismo momento en el que te colocas la boina de pana color verde, te alisas el faldón de ese bonito vestido que te regalaron por Pascua, el de quedar bien, cuentas hasta diez con las manos, nadie te ve. Vas por el quinto dedo. 50%. Te queda justo la mitad. Te queda justo la mitad de tu vida para echar a correr, huir, justo antes de que todo empiece a arder. Déjalo todo atrás. Y avanza. Huye. Nunca te pares. Que no te pille el fuego de la Ciudad. Ya lo llevas dentro, no hace falta que te invada un fuego negro que huele a humedad. No lo quieres.
Solo son restos de un incendio.

jueves, 1 de enero de 2015

en cualquier caso

garry winogrand


Cuando me desperté, seguía sonando la cinta de joy division que había puesto hacía unas horas en un cacharro de nueva tecnología alemana. Por lo visto, esta máquina era tan sublime que rebobinaba las cintas ella sola. Una maravilla. Pero una maravilla solo por poner bandas sonoras a mis noches de insomnio, mis noches de escribir, mis noches de cigarrillos encendidos en el cenicero hasta que se consumen por aburrimiento. Llevaba ya muchas noches de esas, y no quería continuar. Pero así era, y así lo quería en cierto modo.
Joy division sonaba entre interferencias de la cinta. Eran unas grabaciones que había encontrado en Internet, en una de esas noches de bucear en lo ajeno y encontrar cosas que te hacen creer más en la vida. Me gustaron muchísimo y las pasé a cinta de casete por hacer la tontería. Siempre fui muy fan de ian curtis y de su belleza destartalada y suicida. Alguna vez le amé en silencio.


salí a la calle sin ganas. entré en la cafetería más mugrienta que encontré. un café. y la vida pasaba detrás del cristal. yo tenía estricnina en el congelador, y a unos pocos metros, rompían un escaparate por San Valentín.

paso de cebra

stephen shore


Pero luego al final, la vida no es tanto, ¿no? No sé. Es todo una masa ingente de personas cruzando un puto paso de peatones. En realidad no es más. Misma mierda delante, y la misma detrás. A veces os veo como el tipo de el cielo sobre Berlín como una montaña de gente que camina a trompicones por las calles y piden perdón. Ni perdón ni gracias. Ahora mismo yo solo quiero ser esa tipa loca que se queda en el medio de la carretera. Solamente hay una mitad de probabilidades de que un coche me mande al otro barrio, y otra mitad de que pase a cero coma dos centímetros de mi cadera. No es para volverse loco. Tampoco hace falta comerse las uvas a las doce, no pasa nada. Si llevas boina, todo parece un poco más romántico. Y luego pues no sé, me ha dado por escribir ahora, a las cuatro de la mañana. Un zumo mal bebido me espera al otro lado de la mesa, hoy se me hace enorme esta mesa. Esta mañana amanecí con una novela nueva en el email y un corazón un poco más rojo aquí dentro. La verdad es que este corazón late, late, late, late, late, y todo a un ritmo muy de hacer el amor. Un ritmo al que apetece vivir. Qué tiene de malo vivir a xlatidos/seg. Me parece lo más orgánico, lo más lógico, lo más humano. Vivir a lo que tu corazón determina por segundo. Si Wim Wenders me estuviera vigilando en un plano cenital ya habría extendido su gigante mano y me apartaría la mano del teclado, estás escribiendo demasiadas tonterías P. - me diría. Pero en realidad, Wim Wenders puede seguir iluminando de verde sus películas, a mí ya me puede dejar en paz. Ya iluminaré yo las mías con tu mirada. Esa que penetra. De un color distinto cada día. Porque la chica de ayer nunca es la misma que ayer. Jamás lo será. De esa forma, tú tampoco eres el mismo de ayer. Y eso es increíble. Y creo que por eso escucho a las libélulas todos los días. Las escucho en la habitación. Escucho su zumbido dentro de mi oreja, como la hormiga de terciopelo azul
El insomnio continúa, ¿y tú? Me encantaría verte.

martes, 30 de diciembre de 2014

bésame, Krakovia

stephen shore


Le hice esta foto cuando todo parecía ir bien, cuando Krakovia sabía a avecrén, y era la hora del crepúsculo. Fuera, el mundo se congelaba. Dentro, los muebles del hotel rezumaban naftalina y noches en vela. Los crucigramas se amontonaban en la mesa del salón, y las dudas en el lavabo. Faltaba colacao, y nunca teníamos huevos. Nunca tuvimos huevos para nada.


lunes, 29 de diciembre de 2014

ellos, que se olvidaron del mar

Bruce Davidson


Las noches se entretejían de dos en dos, en bares de mala muerte, donde el vino sabía a etanol puro, y la carne fluctuaba entre las luces de neón. No necesitábais nada más. Cada caricia escocía fuerte, pero seguíais hasta la extenuación. Y entonces, llegaba la mañana. Hasta la noche. Y el mar estaba lejos. Pero quién quiere volver a Kansas después de haber visto Oz...

domingo, 28 de diciembre de 2014

lo feo

Garry Winogrand


Y vosotros estábais ahí, sin importaros casi nada pero al mismo tiempo os importaba todo y sentíais y gemíais y llorábais y reíais, y amábais todo lo que se podía odiar, porque si se puede odiar... también se puede amar. Y os dolía el cuerpo de ayer, siempre de ayer. Y desayunábais un café con nervios, y jamás bostezáis. Odiáis los sueños que son pequeños, los guisantes y las guerras en las que no se folla. Repudiáis la comida rápida, el plástico y el neón. Encontráis la belleza en los libros viejos, huelen a libertad. Bailais en La Felguera, os llamais a vosotros mismos por teléfono para ver quién responde, observáis a vuestras parejas dormir.
Vuestros corazones se saltan algunos latidos. Y se os pone la piel de gallina con mucha frecuencia.
Os gusta lo fundido, lo sucio, lo feo.